Empiece por la sección del título
Lo primero que miro en cualquier Carfax es el historial del título. Palabras como salvage (siniestro), rebuilt (reconstruido), flood (inundación) o lemon son las que cambian lo que vale un auto y si debería estar en un lote. Un título limpio es la base de cada auto que vendemos, así que si esa línea dice otra cosa en un reporte que está leyendo en otro lugar, deténgase ahí y pregunte por qué.
Dueños, uso y dónde vivió
Después viene la cantidad de dueños y el tipo de uso. Uno o dos dueños particulares es lo normal. Un historial de flota o de alquiler no es automáticamente malo, pero esos autos suelen tener más millas por año y más manos al volante. Dónde estuvo registrado importa en Long Island por la sal: un auto que vivió toda su vida en el noreste muestra más desgaste por debajo que uno de un estado seco, y eso se revisa en persona, no en papel.
Accidentes y daños: lea el detalle, no el titular
La entrada de accidente es en lo que todos se fijan, y el detalle es lo que cuenta. Un daño menor reportado sin despliegue de bolsas de aire y sin nota estructural es una historia distinta a un daño moderado o severo. Busque si el daño fue adelante, atrás o de lado, y si el reporte dice que el vehículo fue remolcado. Luego mire el auto. Elmer tiene un buen artículo sobre cómo detectar reparaciones de carrocería que va de la mano con este.
Registros de servicio y la línea del millaje
Las entradas de servicio regulares son buena señal; los vacíos no son prueba de descuido, porque muchos talleres no reportan. Las lecturas de millaje son la parte que hay que revisar con cuidado: deben subir de forma constante. Una lectura que baja, o un salto que no cuadra, es motivo para retirarse. Escribimos sobre el fraude de odómetro justamente por eso. Cada auto de nuestro inventario tiene su Carfax enlazado, así que puede practicar con uno real.