Día uno: la revisión y la prueba de manejo
Cada auto que nos llega, ya sea que lo dieron a cambio, se lo compramos a un cliente o vino de subasta, se revisa antes de que nadie decida qué hacer con él. Empiezo por lo evidente: llantas, frenos, luces, vidrios, fluidos y cualquier cosa que gotee, esté rajada o falte. Después sale a la carretera. Un auto puede verse bien en el taller y contarlo todo en el Sagtikos: que se va hacia un lado, que tiembla al frenar, que la transmisión busca el cambio.
El reporte de historial va después, no al final
Antes de invertir en un auto, sacamos el Carfax. Si el reporte muestra algo que no coincide con lo que vemos, eso es una conversación, no una sorpresa para un cliente más adelante. Un auto con un historial que no estamos cómodos de respaldar no se reacondiciona: se vende a otro lado. El reporte que ve en la página del vehículo es el mismo que usamos para tomar esa decisión.
Arreglar lo que hay que arreglar
La prueba de manejo y la inspección se convierten en una lista. Algunas cosas son de seguridad y no son opcionales: frenos, llantas por debajo del límite, una luz de motor con una causa real detrás. Otras son criterio en un auto con años, y la regla es sencilla: si no quisiéramos explicárselo al comprador, lo arreglamos. Todo lo de la lista se hace antes de ponerle precio al auto, porque el precio tiene que reflejar el auto que realmente vendemos.
El detallado, y solo entonces las fotos
Al final viene el departamento de Elmer. Un detallado no es maquillaje para un auto cansado; es la última revisión, porque con un auto así de limpio se encuentran cosas que con uno sucio se pasan. Luego se toman las fotos, se publica el anuncio y el auto pasa al showroom. Si quiere saber qué se le hizo a un auto específico antes de publicarse, pregunte. Guardamos la lista y preferimos mostrársela a que se quede con la duda. Vea lo que acaba de pasar por este proceso en el inventario.